Durante un golpe de genialidad, dediqué una mañana a crear grupos para las personas más importantes de mis contactos de FB. Era la solución perfecta cuando quería compartir algo que solo les interesaba a ellos. Lo malo es que dejé abierta la opción de que cualquiera pudiese publicar contenido. Y empiezo a arrepentirme.
Hay un par de personas que se han aficionado a publicar. Yo me esmero mucho y lo pienso dos veces antes de mandar un mensaje al grupo. Pero este par escribe ASÍ y no se nota que estén pasando el corrector. La aficionada a la gramática y ortografía que vive en mí se retuerce de cuando en cuando. Pero sería muy dictatorial quitarles de repente ese derecho.
Supongo que me toca suspirar y hacer de tripas corazón. Quién me manda.
Este blog tendrá que permanecer semianónimo por los siglos de los siglos, a este paso.

No sé cómo, o mejor dicho, por Twitter, terminé leyendo esto acerca de la eucatástrofe (a sudden joyous turn, según Tolkien, un desenlace inesperadamente gozoso). Terminé recordando escenas de El retorno de rey y revisando mis conceptos de optimismo y esperanza. También terminé llorando, pero hace tiempo que no lloro de ira/tristeza. Mis lágrimas favoritas son las de risa y las que lloro cuando, de repente, me encuentro con la belleza.
Y eso, que no quería olvidarlo. Y que quería comentarlo en alguna parte, que no es exactamente el blog. En realidad quiero comentarlo con algunas personas, pero eso tendrá que esperar.

Gandalf: End? No, the journey doesn’t end here. Death is just another path. One that we all must take. The grey rain curtain of this world rolls back and all turns to silver glass. And then you see it.

Pippin: What, Gandalf? See what?

Gandalf: White shores…and beyond, a far green country under a swift sunrise.

Pippin: Well, that isn’t so bad.

Gandalf: No. It isn’t.