También puede ser la miopía

No creo en fantasmas, ni en sombras, ni en aparecidos, principalmente porque jamás he visto ni sentido nada paranormal. Los que sí creen, me explican lo que pasa es que no soy sensible. Puede ser.

Por casualidad, esta semana el tema se ha colado varias veces en mis conversaciones con amigos, todos los cuales aseguran tener un par de experiencias con lo sobrenatural en su cuenta. Gente toda que goza de mi credibilidad. Así que no pienso que me estén mintiendo. Solo que definitivamente, parte de sus vidas ha transcurrido en un plano en el que yo jamás he puesto un pie.

Si me preguntan, no soy fan de las películas de terror y sangre. Pero tampoco es que me dan miedo. A mí me preocupa más el horror real, contante y sonante, que nos rodea. La gente enferma que debe de andar suelta. Subirme al bus. Caminar por esta hermosa ciudad por las noches. Comer en el Dementor Fried *Three Headed* Chicken. Esperar a ver si ’salí favorecida’ en el sorteo ese de las Juntas Receptoras del Voto. Que algún día me toque hacer declaración al SRI.

Por gajes del oficio me he quedado hasta la media noche en Azkaban, donde dicen que penan (y donde los guardias apagan las luces de las oficinas desocupadas por el plan este de ahorrar energía), y jamás he visto/oído/sentido nada raro, a excepción del Orco, cuando estaba.

De manera que, no creo que soy una insensible. Es más bien que mis miedos van por otro lado. No flotan con su sábana blanca: prefieren ir a pie.

El retorno de Julio

Las hostilidades entre Dazzler y yo han cesado, aparentemente. Ser atacados por un troll puede tener ese efecto en la gente. No digo que somos los mejores amigos porque en mi caso, hacer una nueva amistad es un papeleo peor que para canonizar a alguien, pero creo que podemos hablar de cooperación sin temor a exagerar.

Este viernes empieza la feria del libro. Solo tengo ganas de ir porque va a estar un escritor del cual me pasaron un cuento que me ha gustado mucho, y porque Marta se va a presentar el jueves 10, en una cuestión de narración oral para niños (cuña promocional). De ahí, estuve revisando el programa y señores, hasta la Cococha va a estar ahí, Ecuavisa ha ultrajado el asunto en todas las formas posibles. Vayan advertidos.

Ojalá no se lleven un disgusto (apenas vean la carpa de Ecuavisa, huyan). Como ayer, que probé por primera vez una galleta dietética, cero azúcar, cero sal. Nunca había pensado que una cosa tan sólida como una galleta podía saber a nada en absoluto. No pude pasar de una mordida. Fue la versión comestible de El Beso del Dementor.

Mis compañeros se rieron mucho de mi cara de decepción al irla a devolver (a la dueña no le gusta que se desperdicie la comida). Algunos esperaron hasta que yo reaccionara para devolver la suya. Cobardes.

Parece que eso es lo que comen las personas cuando son a la vez hipertensas y diabéticas. Espero no llegar allí jamás. Si me parece duro el régimen que sigue actualmente Claudieko, no me quiero imaginar lo que es comer sin condimentos, sin sabor… sin vida. 

¿A quién vas a llamar?

No recuerdo bien en cuántas situaciones desesperadas he estado. Pero sí sé a cuántas personas he llamado (bendito celular, bendito email) en esas ocasiones. Son dos. Solo dos.

No fue deliberado, fue absolutamente instintivo. Yo sabía a quién llamar, con quién hablar, a quién quería escuchar. Y no me equivoqué.

Yo no sé si ustedes tengan amigos así, marcación directa, gente que no los va a dejar hundirse. Espero sinceramente que ese sea el caso. No les voy a decir llámenme (aunque sepan que pueden hacerlo) porque yo misma entendí que no es una elección consciente.

Y espero que tengan como yo sus cazafantasmas, todo ese ejército de personas por las cuales uno se sostiene cuando no hay la opción de llamar a que alguien te sujete la mano a fuerza de voz.

Todas esas personas me quieren. Me respetan, pienso. Se los debo. Este post se los debo.

Soberbia

Cada vez que acuso a Javier de ser soberbio, dice: mira quién habla. Según él, mi soberbia no es visible hasta que pasas una o dos décadas conmigo, y consiste en que en el fondo, creo que no necesito de nadie.

A veces pienso que tiene razón.

Oh, yo sé que está mal, no solo moralmente, sino que es un razonamiento erróneo, ningún hombre, ninguna mujer es una isla. Pero…

Hoy alguien me ha dicho, tú estás aquí porque tal persona dijo que así debe ser. Y me ha sentado como una bofetada.

- Ah. Yo creía que estaba aquí porque cumplo mi parte del trato.

Y descubro que pienso que sí, que en realidad yo no dependo de nadie, que una cosa es que alguien te abra la puerta para dejarte entrar, que te dé la mano para ayudarte a subir, pero al final (es mi teoría), si te quedas, si escalas o si te vienes, es asunto completamente tuyo. Te dan una oportunidad, aprovéchala. No te aferres a las personas como benefactores, ni te quejes después de que no te ayudaron.

Oh sí, yo soy muy soberbia. Y muy terca. Mi instinto, que se gana el sueldo a vaca la mayor parte del año, de modo que a veces olvido que lo tengo, de repente me hace a un lado y se lanza y descubro que todo ese tiempo ha estado haciendo ejercicio, como un recluso de máxima seguridad.

El resto de mí, esta criatura medio endeble que soy, tiene un dolor de estómago estupendo. Me quiero rendir. Porque enfermarme de angustia no es mi idea de la diversión. Me doy cuenta de lo que me estoy haciendo a mí misma y me digo que no vale la pena. Y eso solo hablando de mi salud. Sin hablar de todo el daño a toda mi buena fe, que se viene abajo de a poco, y es lo que más me molesta.

Vísperas del Conejo B-Day

Estimado Conejo:

Ya tengo la mitad de tu regalo.

Claro está, no te pienso decir qué es. Pero si llega a no gustarte, ¡salada! Me lo quedo yo.

Para la otra mitad aún estoy ahorrando :(.

Dael 1, Dazzler 0

El hada madrina vuelve a quererme a mí, y no a Dazzler. Hemos tenido que aguantar una repelada para que esto pase, but it was totally worth it.

Alerta fangirl

Una revista hace su top 100 de autores de fantasía y ciencia ficción (anglo, por supuesto, los condenados). Me he reído secretamente (bueno, no tan secretamente) y he asustado un poco (tal vez mucho) a mi compañero de al lado. Es probable que algunas de mis reacciones fueran un poquito alarmantes, pero caramba, un poco de temple…

*riendo de satisfacción al encontrar a Pratchett, Tolkien y Gaiman al tope*

*sonriendo al imaginar a los que se estarán dando de golpes al ver a la Rowling en el 16*

*haciéndole hola a Stephen King en el 20*

*haciendo ‘eeeeeh’ al ver a Philip Pullman en el 22*

*felicitando a la autora del libro del que salió la película Howl’s Moving Castle, en el 24*

*otro ‘eeeh’, por China Miévile, en el 33*

*pensando que Julio Verne merece más reconocimiento, lo han puesto en el 47, ese hombre iluminó mi niñez, o más bien la oscureció, le encantaba andar bajo tierra, bajo el mar o en el espacio*

*despidiéndome con Susanna Clarke, cuyo maravilloso libro aún espero volver a leer, en el 72*

*sorprendiéndome, ¿qué hace ahí George Orwell?, él es harina de otro costal; en fin*

Claudieko, quien está tratando de hacer una vida normal a pesar de la prohibición de comer mayonesa, enlatados ni embutidos, me ha hecho escuchar parte del nuevo disco de Coldplay. En el cual Chris Martin ya no hace falsete. Aún no puedo pronunciarme oficialmente, porque lo escuché en un iPod y en un lugar público, y mientras trataba de conversar con ella y con Nita. Pero se me hace que sí me va a gustar.

La lista de los 28 deseos

A un mes de mi cumpleaños, creo que es tiempo prudente para publicar esto. Hay para todos los presupuestos. Enjoy.

1. The Graveyard Book.

2. Medias hasta la rodilla.

3. El último CD de Coldplay.

4. Papel. Get creative.

5. Lápices. Sacapuntas. Borradores.

6. Caja para guardar lo que me regalarán en el punto 5.

7. Un suéter.

8. La webcam que DvD me prometió.

9. Los audífonos para el iPod =D

10. Elásticos para el cabello de esos que no tienen una presilla de metal en los extremos, sino que están pegados o cosidos.

11. Corcho para mi pared.

12. Un dragón.

13. Una cámara digital para reemplazar la que ya murió.

14. Ciruelas pasas.

15. Aceitunas.

16. Uvas verdes.

17. Cerezas, pero no en conserva.

18. Queso.

19. Sprite.

20. Yogurt con frutas.

21. Anillos, si son de plata quemada y sin piedritas.

22. Sushi.

23. Una película, Little Shop of Horrors.

23. Uno de esos clip book light.

24. Tabletas de Vitamina C.

25. Cómics o manga.

26. Butter toffees o esos caramelitos que parecen pastillas.

27. Palillos para sujetarme el cabello. Verde, negro, azul, morado, blanco.

28. Cheesecake de frambuesa.

Noto que la comida predomina en mi lista. Las once de la mañana son un pésimo momento para hacer wishlists.

Resentimiento mode on

Voy a recordar mi época escolar, cuando nos ponían a hacer un ensayo con temas como “La vaca” o “Los símbolos patrios”. Y dale a escribir lata, habilidad que pronto dominé, y que me ayudó durante mi época colegial y universitaria.

El tema de hoy es “El resentimiento”.

Ya sé, Claudieko y el GdM dirán: me cae chancho la gente resentida. Es que ellos tienen corazones de titanio, son una raza especial. Yo les compartiré mi secreto para evitar resentirme: en cuanto algo me molesta, cobro venganza por las mismas y así me evito andar rumiando el odio por los rincones.

Pero vaya si tengo suerte para encontrarme con gente rencorosa. Podría hasta dar nombres, pero así de resentidos son, que si los pongo, me costará luego rogarles y jurarles que fue todo en broma, para convencerlos de que me perdonen.

Y como ya estoy acostumbrada, daré nombres igual. El Conejo es resentidísimo, pero yo no le doy tregua y fastidio hasta que me vuelve a hablar. Sí o no, Conejo.

DvD también se pone así, pero ahora ya ha aprendido a no tomarse en serio mis bromas.

Marita se resentía por mis comentarios, pero dice que ya está curada de espantos conmigo.

Mis hermanos, los muy tramposos, saben utilizar el falso resentimiento para hacerme sentir culpable.

Porque sí, cuando te resientes conmigo y pones carita triste, sí me siento mala persona, para qué lo voy a negar. Es muy fácil chantajearme. Pero no abuses. Porque me aburro rápido, y si te piensas armar un feriado con eso, salado. No digo que me sentiré feliz inmediatamente, pero poco a poco es el truco.

Y ahora sí los dejo: tengo que resolver un caso de resentimiento vía email. Al parecer, yo debería atropellar gente inocente para saludar a ciertas personas que de lo contrario se sienten (y voy a hacer uso del simbolillo que está tan de moda) ~ignoradas~.

Cosas que he aprendido en Azkaban

1. Jamás des una historia por sentada hasta que tengas todas las versiones posibles. Una cosa es que te lo digan en clase y otra que de eso dependa la integridad de tu cuello.

2. Cuando alguien te muestra/cuenta algo y te dice que es Secreto de Estado, es mejor que lo olvides tan pronto como puedas: puede ser tu propia acta de defunción.

3. Cuando estás segurísimo de que algo que salió mal no fue tu culpa, agárrate: terminará siendo completa y exclusivamente culpa tuya.

4. Gracias a algo llamado Los Procedimientos, adelantar trabajo solo sirve para tener después harto tiempo libre y no saber en qué emplearlo.
 
5. No te sientas mala persona si no puedes evitar darle un apodo a alguien, aunque sea en tu mente. Tú no quieres saber qué apodos te han puesto a ti. (No, no sé ni quiero averiguar cómo me dicen.)

6. Nunca le aceptes a nadie que “te lleve a tu casa”. *shudder*

7. No importa que esté contra las reglas. Aférrate a los audífonos. Son la boya que te salva.

8. Si todo lo demás falla, consíguete un blog.