Ayer nos fuimos a lo de Wonder, y llegué muy tarde…
Ayer nos fuimos a lo de Wonder, y llegué muy tarde a mi casa, pero porque Mil me fue a dejar y nos quedamos hora y media en el carro, tratando de encontrarle solución a su dilema con el señor perfecto. Sigh. Me contó algo que, bueno, no voy a decirlo aquí, pero me hizo pensar en que debo preocuparme más por mis amigas y no solo cuando me acuerdo.
Quiero decir, yo soy muy fantasiosa y todo eso, pero cuando se trata de la realidad, trato de tener los pies en la tierra. Mis mayores locuras ocurren en mi cabeza, porque sé que la mayoría de ellas son demasiado peligrosas para llevarlas a cabo. O se atiene uno al hecho de que tiene el 99% de probabilidades de salir lastimado, o no las hace. Y como ya sabemos lo valiente que soy yo, pues estoy -casi- incólume.
Mañana me voy con la Mil al concierto de La Mosca, a ver si me divierto un rato. Son una especie de murgueros argentinos. Pero no son los típicos groseros, digamos que están dentro de lo que yo puedo tolerar. Ademá estoy esperando pacientemente a Carlos Vives y La Provincia, y a Bacilos. Y si Mil tiene razón, antes de fin de año habrá venido Carlos Santana, lo cual se me llevará buena parte del sueldo, pero no me importa. A menos que para algo sirva ser periodista.