Oops. Me senté a escribir esto, y de repente tuve …
Oops. Me senté a escribir esto, y de repente tuve un mal presentimiento. Uno de esos relámpagos que te alertan una décima de segundo antes de que te parta el rayo. Me doy la vuelta y me encuentro con mi jefe que viene hasta mi escritorio y me pregunta si quiero irme a pasar a la playa el 31, para hacer un reportaje de las celebraciones. A mí me toca guardia el 1 de enero, de ley. Y no me opongo a eso. Pero si le digo a mi familia y a mis amigos que me voy a pasar el fin de año sola y a 100 kilómetros de aquí, me aniquilan antes de que pueda decir ‘lo siento’. Sencillamente, no puedo. Es inevitable, pero mi madre, en especial, no me lo perdonaría jamás. Empezando porque me conminó recientemente a pronunciar el discurso de agradecimiento en la iglesia. ¿Se dan cuenta de lo injusta que es la vida algunas veces? Yo iría encantada de la vida… si no fuera por la fecha.
Hoy recibí un mensaje de un amigo que no me escribía hace tieeeempo, y estuve muy tentada de decirle ‘¿Disculpe? Nos conocemos?’ Pero en honor a la amistad, dejé a un lado los rencores y le contesté. Además recibí otros mensajes de mucha de la gente fiel y buena que aún cree que vales la pena, y me alegré.
No he de escribir hasta el miércoles, otra vez, pero prometo que contaré cualquier cosa emocionante que suceda (no esperen mucho). Sé que Al va a venir a visitarme mañana, y supongo que iremos a algún lado, pero no me pregunten dónde. Ya lo resolveré luego.
¿Pero por qué rayos el sentimiento de culpa, a ver? ¿No hice lo único que cabía por hacer? Lo que me lleva a una de las preguntas más frecuentes acerda de mi personalidad ¿Por qué es tan fácil hacerme chantaje emocional? ¿Por qué?