Feriado Vaya manera de pasar el fin de semana m…
Feriado
Vaya manera de pasar el fin de semana más largo que he tenido en meses. La verdad es que fue un feriado que no me esperaba, y quizá por eso lo tomé con calma. Demasiada. No planifiqué pero ni un paseíto, ni una reunioncita, y heme allí, tres días en cama, leyendo y dejándome mimar por la gente de casa.
Eso me ha hecho preguntarme, ya de plano ¿soy de verdad una persona perezosa y mimada? Me encanta no hacer nada más que soñar despierta, inventarme diálogos entre personas inexistentes, situaciones completamente imposibles; o darle a leer cosas que ya casi me sé de memoria, o conversar y elaborar teorías con alguno de mis hermanos (hace tanto que no elucubramos los tres juntos, actualmente nos turnamos para confabular por separado), que van desde nuestro futuro próximo y remoto a quién tomará el liderato en el fútbol o las luchas (que no, que no me gustan, pero a veces tengo que ponerme en sintonía con ellos, ¿no?).
Me recuerdo (rayos) a una muchacha de una novela japonesa (no, nada de manga, muchas gracias, faltaba más) que leí apenas entrando a la universidad: Kitchen, de Maoko Yoshimoto. La chica en cuestión se llamaba Mikage, y era tremendamente ociosa, consentida y con una actitud de mirad-cómo-sufro, y sin embargo no podía acabar de desagradarme porque en cierto modo, yo estaba ahí, con ella. La suerte/desgracia de Mikage es que se queda prácticamente sola y aunque se siente la pobre huerfanita, ya no es tal, así que debe sacudirse un poco, conseguir un trabajo, ponerse unas metas…
Hace tiempo que llevo pensando, no en desaparecer a mi familia, naturalmente, pero sí en que mientras siga siendo yo la princesa de casa, nada bueno podré hacer por mí misma. Cierto que yo tengo un empleo, metas y todo, pero no hay la urgencia de luchar. Sé que si perdiera el trabajo, vuelvo a mi casa y todos en paz. Pero eso no puede pasar. Sería volver a mi idílica infancia (ja), con todo lo que ello implica. Ergo, es seria e imperante la cuestión de que he de alejarme de casa. Pero ¿cómo, y cuándo? No me apetece aceptar las ofertas de mis parientes en el extranjero, porque sería una especie de adopción. No me atrae y francamente no hay la opción de buscarme una familia propia. Quisiera saber, por un tiempo siquiera, lo que es estar sola y tener que cuidar de ti misma.
No me hago ilusiones de que va a ser fácil, y viva la libertad. Pero sí creo que podré encontrar a una persona mucho más fuerte y responsable, que ahora está muy cómodamente arrellanada en algún rincón de mi inconsciente.
Bueno, no soy tan mimada. El lunes acompañé a mi madre en una especie de caminata que parecía no tener sentido para una compradora compulsiva como ella, ya que todos los negocios estaban cerrados. Y de repente me asalta la idea de que soy profundamente egoísta, de que mamá necesita tiempo conmigo, aunque sea caminar; y que no es necesario que nos embarquemos en el crucero de las compras para que la pasemos bien.
Oh, profundo descubrimiento.
Dioses, si a veces no me doy cuenta de lo estúpida que voy en camino de ser hasta que ya llevo andado un buen trecho y entonces regrésate, pues.
Bueno, ahora sí pasemos a algo interesante:
La semana pasada leí El Reloj Mecánico, de Phillip Pullman. Y me encantó. Aunque Luces del Norte me dio algo de mala espina, de modo que me disuadió de comprar y leer las otras dos novelas de La Materia Oscura (His Dark Materials), esta historia y cómo está contada me gustó muchísimo. En especial el tono desenfadado de plantearte las situaciones, porque muestra algo que siempre exijo cuando leo, sea para adultos o para niños: respeto al lector. Eso ya es un gran logro, además de que la narración es interesante. Y que es tierno, cosa difícil de encontrar entre tanto giro dramático y misterio que trae la trilogía por la que es más famoso el señor Pullman. ¿Mi personaje favorito? Gretl, sin duda. Y el viejo barón, porque si lo miras bien, lo suyo no es servilismo. Es amor.