August 2004

He tenido un finde interesante. No es que haya hec…

He tenido un finde interesante. No es que haya hecho nada fuera de lo común, a más de remolonear, acompañar a mi mamá a las compras, ver una película com Mil y Andrea -La verdad sobre perros y gatos, 9/10-, y los primeros capri que compro en mi vida (ya, que yo no soy precisamente chica a la moda, así que para mí es la novedad). Para ser honesta, tenía unos cuando estaba en la primaria, muy monos (o al menos me lo parecían entonces), con un bolsillo lateral para los lápices y todo, pero de eso harán catorce años, o sea cuando yo era joven y delgada.
Basta de superficialidad. Decía que fue interesante, pero no por la sangría extra que en realidad no necesitaban mis exangües ingresos, si no porque tuve tiempito y ánimos para ciertas cosas que hace tiempo no ¿hacía? Creo que la palabra es sentía.
Hace siglos que no me quedaba despierta por las tardes de domingo (a pesar de tener toda la oportunidad de dormir la siesta) leyendo Historia. Así, tal cual.
Milenios que no hilaba por mi propia iniciativa una teoría escatológica (aún no he terminado pero ¡hey! ya recordé por qué me gustaba tanto).
Eones que no me quedaba despierta hasta tarde viento tele y comiendo empanadas con mis hermanos.
En verdad, ya no recuerdo cuándo fue la última vez que, a pesar de estar en mi camita cómodamente arropada, no pude cerrar los ojos y me quedé pensando y hablando con Dios, y contándole cómo me gustaría a mí que fueran las cosas, pero considerando que su voluntad no tiene que parecerse a la mía, y pidiéndole que me ayude a ser menos cegata y a ver su misericordia allí donde actúe conmigo, en vez de andarme quejando todo el tiempo cual nena desamparada. Le dije de lo cansada que estoy, y de la opresión que a menudo se siente, incluso mientras descanso, de lo apretado que voy enredándome más y más en asuntos que no son lo que él quiere para mí… ¿O lo son? ¿Cómo saberlo? Eso le pedí. Necesito saber. Pero mientras no sepa, necesito ser paciente y confiar. Y eso haré.

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Ayer, en franca rebeldía, Reivaj y yo faltamos a c…

Ayer, en franca rebeldía, Reivaj y yo faltamos a clase. Bueno, la verdad es que no sé si perdimos clase, porque como no nos inscribimos nunca al proyecto Felipe, capaz que no teníamos nada qué hacer. Pero que yo me acuerde, el taller era en la hora del culto, no a la hora de las clases de Epístolas Generales. Qué enredo. Hoy tendremos que preguntarle a Sisnom, que desertó de las fuerzas rebeldes, si hubo clase o no.
Llevo (horror) dos días sin dormir del todo bien. Sigo avanzando a paso de caracol El viento en los sauces. Y ando todo el tiempo con sueño.
Si hay algo bueno, es que la nueva casa es mucho más fresca que la anterior. Si se deja abierta la puerta del patio, ya de plano corre un vientecillo agradable.
Los gatos están felices y el perro también: resultaron los más favorecidos. Me alegro por ellos. Yo aún no puedo desempacar todos mis libracos.
He confirmado que por más que un grupo se pueda llevar muy bien en persona, ponlos en un foro virtual y todo cambia. ¡En serio! Mi perfecta, adulta y equilibrada (bueh, no tanto, pero una los quiere) comunidad ex-universitaria se mandó ayer un rollo de los buenos, con el gran saldo de dos deserciones (temporales, espero) y la muerte del susodicho diálogo. Me arrepiento de haberme unido a las bromas, porque acabó como acabó. Está visto que no tengo cibergenio humorístico. Y yo que creía que el lenguaje era mi herramienta. Chicharrones. A replantearse las aptitudes.
Para más colmos ando dependiendo de la caridad paterna (oh novedad) hasta el próximo lunes o martes, que tampoco es que nadaré en la abundancia, que tengo pendientes la cuenta del teléfono y las gafas. Quién me manda, también. Y yo que quería un clóset nuevo ¡_¡ Está visto que a mí hubieran tenido que educarme en la paciencia. Dedededespacio. Así se me vienen las navidades encima y yo nada. ¡Y mi Sol de Breda! ¡Y el corcho para mi clase!
He caído víctima del consumismo.

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