October 2004

Solo quería decir

Que me porté muy bruja en el post anterior, pero no lo borro porque así me sentía en la mañana, y de hecho todavía estoy urdiendo planes para cobrárselas a cualquiera que encuentre fastidiando al tontuelo.

Pero claro, a mí cualquier sobrecarga de emociones a las que no estoy acostumbrada -como el enojo- me deja exhausta para el resto del día, y aunque el trabajo va normal, ya estoy medio bajoneada.

Viva yo.

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Si supieran leer, pero lo dudo

Sé que no lo van a leer, malditos sean. No porque esto se publique en internet y ellos estén aún en la Edad de Piedra. Si no porque tendrían que leer, e incluso los cavernícolas estaban más cerca que ellos a la expresión escrita.

Pero igual se la dedico. A esos infelices, miserables, cobardes que desde hace un par de semanas se dedican a tirarle porquerías a nuestro perro, sin duda con la finalidad de que se las coma y que se enferme, o algo peor.

Ratas asquerosas. Y hasta las ratas se sentirían ofendidas de ser medidas con el mismo rasero.

Díganme, ¿en qué les puede perjudicar un dálmata de dientes romos que solo pasea con su correa, está vacunado y todo y, además, pasa en nuestro jardín, que tiene muro y rejas de dos metros, con la puerta bien cerrada? ¿Qué es lo que tienen en la cabeza?

Para qué pregunto, si se la pasan escuchando a todo volumen culebrones y música chicha.

Hemos optado por tenerlo en casa la mayor parte del tiempo, aunque claro está que él prefiere correr afuera y tomar el sol por las mañanas. Pero si los descubro, si los descubro, entonces veremos cuán racional y pacífica puedo ser yo con ellos. El pasado fin de semana lo escuché ladrar, gruñir, y callarse de repente. Cuando salí, ví que tenía en el hocico un paquete de fideos. Pensé que algún niño había pasado a hacer la compra, se había asustado, y le había tirado los fideos para apaciguarlo. Pero en vista que ya van dos veces que se enferma del estómago, descartada esa teoría.

A todos esos infelices que no tienen las agallas de dar la cara ni la decencia de respetar a las mascotas ajenas: que todo lo que planeen contra nuestro o cualquier perro, con su pan se lo coman.

Nota: Mi animal favorito es el gato (tengo tres) y siempre digo que los perros, en comparación, son tontos y retontos. Los gatos jugarán el primer año, y luego maduran, mientras que Duncan tiene 3 y sigue siendo un bebé de casi un metro de alto y más de 40 kilos de peso, que alegremente jugaría con los cachorros de gato que tenemos, si no les tuviera algo de miedo. Es un cochino y un bruto, pero un bruto inocente al que solo un indeseable haría daño.

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