El retorno triunfal
Con la ayuda de Edu, por fin encontré un lugar nuevo. Prometo adaptarme pronto.
Estaba segura de que tendría muchas ganas de sentarme aquí a quejarme de lo mal que me ha tratado el mundo estas dos últimas semanas, pero ahora que he llegado, ya no quiero pensar demasiado en eso. El antiguo hogar ya no existe más, pero trataremos de que los cachivaches lleguen poco a poco.
Hasta entonces, quiero desear un feliz fin de año a todos los que lleguen hasta aquí. En este tiempo, en que honestamente pensé que mis días de postear se habían terminado, los eché de menos.
Es en serio.
Pasado el momento Kodak (sí, me lo han dicho, mi vocación en esta vida es arruinar cualquier escena conmovedora), y olvidadas las promesas de venganza que me hice durante la oscura época en que me vi obligada a salir del aire, puedo contar las buenas noticias. El ángel de la Navidad me dejó muchos dulces, mucha música, muchas cosas bonitas. Y ni un solo libro. El único que me gané, en un sorteo, no me lo dieron porque no fui a la fiesta.
Ser insociable tiene sus pro y sus contra. Ahora, cada vez que lo recuerdo, me pregunto qué libro sería. Y me consuelo pensado que quizá era algún autoayuda. Jamás averiguaré de qué me perdí.
Pero sé de lo que no me he perdido.
Mi mejor saldo de este año son los amigos que tengo cerca, y los que están lejos pero se acuerdan igual de pasar saludando. Por ellos, terminemos este post en buena onda, y despidámonos hasta el año nuevo.