Pues yo, quien usualmente puedo quejarme de lo que sea, debo admitir que me he divertido bastante. No había asistido a ninguna conferencia tan relajada desde… ¡nunca! Más fue un taller que una conferencia, y pese a que el penúltimo curso al que asistí me gustó, no fue ni la mitad de este. No hemos descubierto el agua tibia. Pero aceptar algunos hechos y sobre todo recuperar la actitud para enfrentar otros, es ya una gran cosa. Algo que, a veces, ni dos semanas de vacaciones suelen otorgar.
Y he descubierto que existe discriminación contra las personas que gustamos de los dulces y los dibujos animados. Yo me pregunto, por qué nos tienen que juzgar. ¿A poco a ustedes eso les parece tan malo?
De ahí, buenas noticias. El Conejo finalmente encontró y me devolvió mi Final Fantasy VII: Advent Children. Me dispongo a verla más tarde, o ya el sábado (mañana vaya diíta el que me espera, deja nomás). Acabo de estar en su casa, donde nos reímos hasta las lágrimas (en mi caso) viendo a la gente estrafalaria que sale en el UHF (a falta de cable…) y repasando el primer capítulo de Ranma 1/2. A pesar de que su copia se salta indiscriminadamente del audio en español, al audio en japonés (juzguen ustedes si era trucha), me quedé con ganas de buscar esa serie en el idioma original a ver si es igual de graciosa. Tentándome estuvo el Conejo a comprar pirateada Sweeney Todd, pero la convencí de que la roñosería no es para tanto. Hay que ir al cine a verla. ¿Habrá tiempo? ¿Habrá plata? Preguntas todas importantes.
¿Qué más? No mucho, creo. Solo que me haría falta pasar menos tiempo en la oficina. Podría, con facilidad, acostumbrarme a llegar a mi casa cuando aún le quedan horas a la tarde.