January 2009

Marchó el cómic

Hey, esto yo no lo había previsto. Ahora resulta que hasta el fandom se verá afectado por las, ejem, medidas económicas.

Yo no es que compre cómic. Tendré a lo sumo un par de numeritos en mi casa. Pero dado que el manga será clasificado como tal, también le cae el guante. Y aunque, con toda honestidad, no tenía proyectado comprar manga urgente porque ya es bastante caro, nada más leer la noticia se me ocurrieron media docena de títulos que me gustaría tener. Basta que le prohíban algo a uno.

¿Artículo de lujo? Hay que ver. Cierto, uno no se muere sin cómic. Pero si así de rigurosos nos ponemos, bástenos tener aire, agua, comida y ponchos para todos, ya que son hechos acá. Uno no se muere sin cómic, o sin vino importado. No. Uno lo que se vuelve es reactivo. Y creativo. El contrabando y la piratería se las ingeniarán, lo han venido haciendo por siglos antes de que a alguien se le ocurriera que podía decidir lo que sus compatriotas podían hacer, consumir y pensar.

He tenido esta misma discusión muchas veces con mi padre. Es el tipo más contradictorio del mundo. Adora leer. Sin embargo, si le preguntas, los libros no son imprescindibles. Yo he querido hacerle notar su hipocresía, después de todo fue él quien impuso la mala costumbre en nuestra casa. Pero su lado ¿de izquierda? quiere creer en todo este asunto seudosocialista y lo defiende contra toda racionalidad, por eso nuestras conversaciones ahora evitan pisar esa área.

Sí, sí. Ya lo sé. Cuánto angst para más de unos cuántos cómics que subirán de preco, para más de un puñado de personas en este país que gustan de leerlos y coleccionarlos. Yo digo que si no defendemos las pequeñas cosas, cuando nos queramos dar cuenta, no pasará mucho tiempo que nos tendremos que tragar las medianas y las grandes.

ficción bendita
hablando en serio

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Metal, vil metal

Him who mountain crush him no
Him who sun him stop him no
Him who hammer him break him no
Him who fire him fear him no
Him who raise him head above him heart

Him diamond

 

Estos días llego a casa y digo: voy a trabajar un par de horas en el boletín. Es que estoy haciendo uno con mi hermano Jose. O debería decir que estoy haciendo uno hasta que el fresco de Jose se digne ayudarme. Pero en fin. Digo que voy a quedarme dos horas, que luego se hacen cuatro o cinco. Al día siguiente es despiértate sésamo.

De que me divierto, me divierto. Pasé horas buscando en internet alguna herramienta para hacer crucigramas. Pues bien. Encontré un sitio en el que todo parecía fácil. Uno daba los conceptos y ellos armaban la mezcla. Hasta que llegó el momento de guardar el archivo. Ahí recién me avisan cuánto hay que pagar. Y además, al hacer el chequeo, ¡el crucigrama no cuadraba! Las palabras estaban mal cruzadas o incompletas, y yo me aseguré de haber tipeado bien las instrucciones.

Para mi humillación y suerte, el Palacios me sugirió que más efectivo y barato me saldría armarlo en Excel. Y tuvo razón.

Pero eso no ha sido lo más difícil. El mayor disgusto fue el sábado que nos reunimos con los otros angelitos para mostrarles la maqueta y uno salió con la pregunta de cuánto vamos a cobrar por él.

- Por el momento es gratuito.

Fue como que habíamos soltado una mala palabra en plena iglesia. Escuchamos unos cuantos sermones sobre “la autogestión”, “lo que a la gente no le cuesta, la gente no valora” y “un próximo paseo grupal a la playa”. José respondió con el “Dios proveerá”, “nadie compra algo que no conoce” y “a ti ni siquiera te dan permiso”.

Yo no dije nada porque detesto gastarme discutiendo. En mi fuero interno, sin embargo, llegué a una decisión.

“Sobre mi cadáver”.

Además, no hay para qué preocuparse. Ellos no lo van a hacer. Ellos no lo están haciendo. Y será muy divertido ver que intenten decirme lo que tengo que hacer.

Por lo demás, han goteado los imprevistos hoy. Mi prima, quien se iba a operar de una cosa, fue a hacerse su chequeo previo y se quedó internada para que la operen inmediatamente de otra. Mi padre y Javier están por allá con ella. Mientras que mi primo debe de estar en su colegio, echando humo: era el gran día final de clases y esperaba que mis papás estuvieran en la ceremonia en la que les dan premios por las calificaciones. Pero nadie fue. Mi mamá no puede salir sola todavía y Jose está desaparecido en combate.

Por mi parte me estoy preguntando qué le puedo llevar para contentarlo. Si yo me sentía medio estafada cada vez que mi papá no llegaba a mis cuestiones colegiales graduación casi incluida porque se rompió una pierna esa misma semana me imagino cómo estará él, que es mucho más sensible que todos nosotros juntos.

Y también más interesado.

Esto me va a costar, lo sé.

Y esta noche tengo que hacer mi estimado de egresos 2009 para que el SRI se compadezca de mí a la hora de cobrar impuestos.

Solo tengo algo que decir.

 

Maldito dinero.

 

[El poema de arriba está en la introducción de la novela Thud!, de Terry Pratchett.]

exceso de información

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