February 2009

Houston, tenemos problemas

Estas deben ser las vacaciones en las que más he trabajado. Todos los días me he dedicado a hacer una cosa u otra, sea para mí misma, para mi familia o para mi iglesia. Es media noche y recién me voy a dormir, aunque dudo que lo logre empipada de cocacola como estoy. Mi hermano y mi primo siguen preparando juegos y envolviendo paquetes. Yo ya no doy más.

Pero estoy contenta. O al menos lo estaba hasta hace unas horas, cuando acepté con ligereza una invitación de mi primo, que andaba de ensayo con la bandita en la que está. Pasé incómoda y traté de ahogarlo siendo útil, pero es más fuerte que yo, en cuanto me siento en desconfianza es: suban el puente levadizo, cierren todas las puertas, saquen los monosílabos.

No sé bien qué es lo que me hace desconfiar. ¿Que no los conozco? A la mitad de ellos los he visto solamente toda mi vida. Es una cosa de instinto. No importa cuánto lo intente, no puedo quitarme la sensación de que yo no debería estar ahí.

Probablemente el estúpido de mi instinto se equivoque. No sería nuevo. Detesto pensar mal de las personas, de hecho casi nunca me acuerdo de hacerlo. Por eso creo que me siento tan mal ahora y no puedo dormir. Porque estoy actuando irracionalmente y eso me molesta. A veces hablo sola porque me gusta batracear a mi lado carente de sentido común y ponerlo en su sitio, y hacer lo que yo sé que es correcto.

Pero hoy ese ladito siempre vapuleado se está anotando una victoria por noqueada y sé que no me dejará dormir. Su venganza, consistente en hacerme creer que las leyes de Murphy rigen el mundo, será cruenta.

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Día 1

Es mi primer día de estas vacaciones en las que no planifiqué nada más que estar presente en el vacacional de mi iglesia desde… No recuerdo la última vez que estuve. Debe haber sido 2004 o 2005.

Lo que hemos hecho hasta ahora ha sido:

Organizar mi clóset, nada titánico ya que la última vez fue hace dos semanas.

Organizar mis libros, tampoco fue nada matador.

Borrar archivos inservibles y reorganizar el resto en esta computadora, lo cual está siendo pospuesto debido a que estoy en el facebook mirando fotos de gente que solo conozco a medias. Ni siquiera es curiosidad extrema, es solo lo que se hace cuando va ganando la pereza.

Y lo que no hice, y sospecho que no haré hoy, organizar facturas, recibos, roles y demás papeles que he ido juntando de cualquier forma en una caja que feliz botaría de no ser porque el SRI me muestra los colmillos cada cierto tiempo. (Cómo te odio).

Lo único productivo: he encontrado varios cds que no había podido escuchar y he reorganizado la pila de pendientes por leer que ahora, señoras y señores, tiene en la cima Nation, de T. Pratchett, que llegó ayer a mi casa para coronar un día que bien pudo terminar muy mal pero fue, en suma, un éxito. Y mandamos a reparar mi televisor, que tenía un problema con los colores. Me han dejado un reemplazo que además de ser diminuto no tiene control remoto y debo estarme parando para apagar cada vez que aparece la cara del compañero presidente. Pero no me quejo: solo me falta comprar el canguil y todo listo para los Oscar mañana. (¿Es mañana, verdad? Ando un poco desorientada con el tiempo.)

He pegado a mi pared una lista de cosas por hacer. ¿La cumpliré hasta el 10 de marzo? Solo el tiempo lo dirá.

Ahora una siesta para auspiciar este espacio, que me duermo. Au revoir.

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