Tengo más trabajo que hace unas semanas. Estoy más tranquila. No pretendo entenderlo, solo agradezco que la tensión se haya disipado.
Creo que es, en parte, porque he tenido que tomar algunas medidas. La primera es mantenerme ocupada, de manera que el trabajo extra me lo he buscado yo. Segundo, no esperar ayuda o comprensión o recompensa. Esperar lo menos posible. (Si algo bueno viene, que sorprenda.) Tercero, exigirme mucho. Ponerme metas cada vez un poco más altas, aunque al momento parezca que no voy a poder. Mi yo futuro me odiará, pero se verá obligado a cumplir. Ya me lo agradecerá luego.
Cuatro días a la semana, luego o antes del trabajo, estoy involucrada en algún asunto que me obliga a tratar con otras personas (preparación previa). Me quedan tres días a mi disposición. Me parece bien.
Algo inventaré para dichos días, pero será más adelante.
Por el momento estoy invadida por una especie de curiosidad. Vamos a ver si persisto. Comprobemos cuánto puedo dar. Y disfrutemos el proceso. (Si algo bueno viene, que sorprenda.)