October 2009

Literatura, sin adjetivos

El gran peligro que acecha a la literatura infantil y a la juvenil en lo que respecta a su categorización como literatura, es justamente el de presentarse a priori como infantil o como juvenil. Lo que puede haber de “para niños” o “para jóvenes” en una obra debe ser secundario y venir por añadidura, porque el hueso de un texto capaz de gustar a lectores niños o jóvenes no proviene tanto de su adaptabilidad a un destinatario sino sobre todo de su calidad, y porque cuando hablamos de escritura de cualquier tema o género, el sustantivo es siempre más importante que el adjetivo. De todo lo que tiene que ver con la escritura, la especificidad de destinatario es lo primero que exige una mirada alerta, porque es justamente allí donde más fácilmente anidan razones morales, políticas y de mercado.

* María Teresa Andruetto, Hacia una literatura sin adjetivos (Comunicarte, Córdoba, 2009).

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Mi hija escribe

Madres presumiendo de los talentos de sus hijas para la cocina o manualidades. La mía, pobrecita, mortificada. Yo, más apenada de estar a punto de hacerla pasar vergüenza. O al menos eso pensaba.

- ¿Y su hija, qué sabe hacer?
- Mi hija escribe. Y le pagan.

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