El difunto secundario

 ¿Existe alguna ley para que los personajes secundarios más interesantes de muchas series estén destinados a morir? Es decir, si eres un autor afamado o en camino de serlo, ¿para qué tomarte la molestia de construir un personaje aparte de tu protagonista que es más interesante que dicho héroe, darle todos esos diálogos graciosos, esas escenas memorables, solo para después sacrificarlo? ¿En qué clase de universo es esto lógico?

 En el de los autores de manga, anime y fantasía es ley.

 El caso Potter. Veamos. La mujer crea a Sirius Black, un en apariencia delincuente juvenio que en realidad es solo un alma incomprendida y temeraria, hace que Harry lo idolatre y nosotros también, ¿y luego? Pum, a través del velo. Peor aún. Nos da a Lupin, el hombre lobo melancólico y rechazado, pero qué profesorazo que es, y uno deseando que de verdad le vaya bien a este pobre tipo ahora que ha conseguido una familia… Y adiós. Te fuiste.

 El caso NGE. Realmente. Sobrevivimos al drama que es esta serie solo porque Misato está ahí para alegrar el ambiente. Uno casi puede entender a la pobre chica, que sobrevive a base de comida precocinada. Ejem. ¿Y qué hacemos con Misato, que es tan eficiente y heroica y al mismo tiempo tan desastrosa en su vida personal? La matamos, claro.

El caso FMA. Yo no sé si a Arakawa le resultada muy trabajoso andar dibujando a Hughes cada vez y cuando, pero que haya tomado la medida de matarlo es algo que no perdonaré. Vamos, que cuando a Roy no le dejan vengarse personalmente de Envy, yo pido que me dejen hacerlo a mí. Hughes, un padre de familia ejemplar, un amigo de esos que te apoyan para que llegues a la cima, y un tipo lo suficientemente listo como para aparentar estar chiflado… Tenía que morir, claro.

Podría seguir, dado que no estoy incluyendo aquí a la televisión. Pero esto terminaría en tostito. Por suerte mucho del resto de lo que veo es comedia, o no sé qué sería de mí. Y eso que no he citado a todas las series cuyos protagonistas son mis favoritos y que han terminado tres pies bajo tierra.

Si algún día llego a tener mi pared cubierta de pósteres, necesitaré ponerle a cada uno su crespón negro.