No me pregunten de dónde salió este post :|
Desde el capítulo anterior, hemos cambiado la cerradura y comprado un candado. No temáis, amigos del heredero.
También se ha mantenido mi buen genio, Hay cosas que me molestan, pero estoy tratando de concentrarme en lo que me importa/me gusta y no pararle bola a lo demás.
*Cierta persona dando un discurso acerca de sus grandiosos planes para el futuro que todos sabemos que jamás se realizarán*
Yo: … (continúo leyendo manga)
*Alguien siendo innecesariamente vulgar y restregándonos su ignorancia en la cara*
Yo: … (haciendo un baneo mental)
*Alguien juzgando apresuradamente mi carácter y presentando después la demanda*
Yo: … (LOL)
Quiero decir, ¿hay algo más ingenuo que confiarse de las apariencias? No digo que nademos por la vida mirando a los demás con desconfianza. Digo que aceptemos que nuestro conocimiento de los demás es limitado, que somos sujetos a errores y que cualquier persona es capaz de sorprendernos.
Si en vez de sentirnos traicionados por nuestros amigos o nuestra familia pudiéramos admitir que los juzgamos mal y que debimos hacer el intento de conocerlos mejor, perderíamos menos el tiempo en dramas sin provecho. Tal vez esa persona siempre fue así y simplemente no quisimos darnos cuenta, y ese tipo de equivocaciones se pagan.
La confianza se construye tomando riesgos, y si alguna vez cometemos un fallo de juicio con alguien, creyéndolo mejor de lo que en realidad era (y deshumanizándolo de paso), no hay es razón para echarse a la pena. A todos nos pasa. Y tampoco es razón para querer que se muera el otro -especialmente si el otro tuvo la cortesía de advertirnos-.
Pregunté si había algo más ingenuo que confiarse de las apariencias. Puede haber algo igual. Limitarse por las apariencias y ser injustos con alguien solo porque no nos gusta (o peor, porque no le gusta a la mayoría). Creer que alguien es peor de lo que en realidad es (e, insisto, deshumanizándolo de paso).
Creo que no iré tan lejos como a decir que no le hagamos caso a nuestros instintos con respecto a determinados individuos. Pero démosle a dichos instintos el beneficio de la duda. Comprobémoslos. Démosles tiempo.
Tenemos derecho a que no nos guste alguien. O a quererlo tanto que hagamos como que no existen sus defectos. A lo que no tenemos derecho es a no ver, a no saber, a no hacer el esfuerzo de comprender a los demás.