Agridulce +

Hay mucho que decir.

Primero, que a este día le pase un bus encima, luego un tráiler, luego un carrito de Bon Ice y por último me dejen a mí pisotearlo hasta su pulverización.

No, no. No estoy brava. En serio. Han salido mal las cosas últimamente, pero en honor a la verdad, me he quedado admirada de mis reacciones. Podría decirse que estoy pasando por una buena racha anímica, y en vez de darme un chapuzón en la piscina de la ira, el rencor y la autocompasión, he decidido dejar a un lado el episodio, alentar a los otros y, en los peores casos, irme de lol. Como hoy, que mi mamá y yo llegamos a casa en plena lluvia, con un solo paraguas, luego de habernos demorado en volver por unas compras que ni siquiera eran nuestras, solo para descubrir que ninguna de las dos tenía llaves. Estuvimos unos minutos paradas bajo el techito saliente, con las fundas de compras y mi maleta en el suelo, hablando de cosas para las que normalmente no tenemos tiempo. Hasta que una vecina se acercó a preguntar si teníamos problemas para entrar.

Le dijimos que sí, y se regresó a su casa sin más. Pensamos que nos iba a traer otro paraguas o algo.

Volvió con un alambre. Un alambre. Y mientras nos hacía conversación de cómo su hijo a veces la deja sin llaves, nos abrió la puerta y ya.

¿Alguien dijo ninja?

Le dimos las gracias, entramos. Dimos de comer a la perrita.

Ahora ya no estamos en casa (y llueve más). Y todavía me queda la extrañeza de mi vecina manipulando la cerradura. Pero hoy con mi ma nos reímos e incluso la escuché expresar su preocupación por mí en el caso de su muerte. Y luego volvimos a reír porque si alguien sabe profanar un momento solemne, esa soy yo (para contrataciones).

Mañana hay otras cosas con potencial de fracasar. Normalmente me sentiría cansada de antemano. Hoy no estoy cansada. Che, no digo que me vaya a gustar. Digo solamente que puede que mañana siga en este estado de optimismo cínico: quien ríe al último, ríe mejor.