Estaba buscando libros para los jóvenes lectores, -como siempre, el trabajo es la excusa perfecta- y vi por ahí El libro de la selva, igualito a uno que tengo en casa y que ya ha de estar muy viejo. Ya iba a recomendarlo y entonces recordé ese momento en que Mogli deja a Baloo y a Bagheera y se va a vivir con los humanos, y mi yo de catorce años diciendo noooo, no lo hagas. El corazón de la selva rompiéndose. El angst.
Y bueno, creo que por el momento no lo voy a recomendar, hasta que supere mi pequeño salto en el tiempo. Lo cual no sé cuándo será, porque de repente me puse a recordar mis lecturas espontáneas, sugeridas y obligadas de esa época.
¿Por qué es que los títulos no me ayudan a tranquilizar mi conciencia? Allá, en la parte más baja de un librero, está una fila de libros de cubierta roja. Crimen y Castigo, La Peste, Bodas de Sangre, La Casa de Bernarda Alba, Rebelión en la Granja, Resurrección, Por quién doblan las campanas, La Vida es Sueño, El mundo es ancho y ajeno, El Señor de las Moscas… ¡Con razón Conejito anda lanzándose al abismo desde 1994! Estoy tratando de acordarme de alguna comedia que hayamos leído en el bachillerato y bueno, El Lazarillo viene a mi memoria, pero no mucho más.
Está bien, estoy siendo injusta. También leímos mucha poesía gozosa, del tipo volverán las oscuras golondrinas, y amarle pude, al sol de la existencia, como a nuestro parecer cualquier tiempo pasado fue mejor y la princesa está triste, qué tendrá la princesa y…Ejem.
AHORA TODO TIENE SENTIDO.
El sistema educativo nacional conspiraba para que fuéramos una nueva generación decapitada. Conmigo no tuvieron mucho éxito, salvos los ocasionales momentos en que es justo y necesario un poco de tragedia. Por suerte, después de la sobrecarga de tostito en nuestra lista de lecturas, me iba a mi casa a ver Supercampeones, Samurai X y Dragon Ball y allí… no hay sufri… Bueno, la idea es esa.
Sospecho que el sistema ya se diluyó. No logro conciliar estos tiempos reguetonescos con la filosofía inquietante de Calderón de la Barca que me tuvo despierta y preocupada unos cuantos días seguidos tratando de digerir el asunto de que toda la vida es sueño. O tal vez me equivoco y el pénsum se mantuvo, solo que los estudiantes actuales expresan su angustia existencial de otra manera. Será.
¿Qué es la vida?
Un frenesí.
¿Qué es la vida?
Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.