Ahora que el frenesí navideño ha pasado, me detengo un poco para disfrutar del botín.
Además, las lluvias hacen que esté temprano en casa. Y estar temprano me da tiempo para relajarme y abrir cajitas.
Como una cajita que cruzó el Pacífico…
Los Laruku están locos. Van para los 20 años tocando y hacen música que me llena de una especie de optimismo. Yo digo que eso sugiere a gente que ama lo que hace.
Su pinta es francamente hilarante, deben ser la pesadilla de su peluquero. A veces se emocionan en sus videítos y uno no sabe si reír o llorar. La canción más cortavenas que tienen debe ser Niji, que sin embargo no llega a entristecerme. Ponen tanta energía en su trabajo, que siempre consiguen inspirarme en el mío. Yo imagino que todos tenemos una banda así en nuestras vidas.
De su último disco, Kiss (lol ese nombre), destaco My Heart Draws a Dream.
Estoy muy lejos de aprender el idioma, pero en cambio he encontrado el antídoto perfecto para bloquear el ruido del mundo exterior. Poner Laruku a todo volumen. Amo a Brian Eno, Keane, Jack Johnson y toda esa gente que hace música delicada, pero para apreciarla hasta la última nota necesito que alrededor haya silencio.
Laruku mata cualquier interferencia. Ideal para neutralizar las cadenas de Correíta, el partido del domingo o el vallenato del bus. Laruku reclama la atención. Y te cambia el ánimo de paso.
Deberían pagarme por hacerles cuña. Probablemente nunca los vea, rara vez salen de su tierra. Lo mínimo que podrían es hacer un tour por Sudamérica. Pero no.
Despreciemos al fan latinoamericano.
[Dael agitando una vela en el estadio Spencer]
Nunca he ido a uno de esos conciertos de bandas locales que hacen covers de j-music. Siempre tengo la curiosidad, jamás el valor. Prefiero a Laruku en el honesto mp3 pirata. Y nadie quita que en vivo fuera yo víctima del LOL. No. Conservemos la magia. Larga vida a Laruku, ¡o al menos a sus integrantes!