Hay algo que quisiera decirle a mis amistades, y de hecho se los digo, pero tienen audición selectiva y parecen no escucharme.
Yo no voy a ser feliz mañana, cuando pase tal cosa o llegue tal persona. Yo no era feliz ayer, cuando tenía esto o aquello. Yo soy feliz ahora. Por más que me queje. Estoy viva, estoy relativamente lúcida, no tengo ganas de darme por vencida.
Quizá, si me enfoco en eso, resulte que yo fui feliz ayer. Y que estaré feliz mañana. Pero el truco es en este momento. Y porque sí.
Andar por la vida pidiéndole a agentes externos que me garanticen la felicidad es la mejor manera de vivir una desesperación continua.
Me encanta esa figura, como ríos de agua viva. Siempre me imagino un géiser. Sobre todo porque la mayor parte de los tiempos los géisers operan con perfil bajo, y de repente, WOOSH.
Pero por más que lo repita, si una persona quiere ver las cosas de la manera opuesta, no conseguiré nada, ¿verdad? Todo depende de lo que uno quiera para sí.
No me gusta mucho ese papel, hay ocasiones en que ando de malas y no me sobran los argumentos para animar a nadie. A veces digo, ya no los molestaré, ya no los sermonearé. Pero vuelvo a intentarlo. Se los debo, si digo que son mis amigos. Y me lo deben, si dicen serlo.