Vivan los borradores, porque borré este post sin querer

Hay algo que quisiera decirle a mis amistades, y de hecho se los digo, pero tienen audición selectiva y parecen no escucharme.

Yo no voy a ser feliz mañana, cuando pase tal cosa o llegue tal persona. Yo no era feliz ayer, cuando tenía esto o aquello. Yo soy feliz ahora. Por más que me queje. Estoy viva, estoy relativamente lúcida, no tengo ganas de darme por vencida.

Quizá, si me enfoco en eso, resulte que yo fui feliz ayer. Y que estaré feliz mañana. Pero el truco es en este momento. Y porque sí.

Andar por la vida pidiéndole a agentes externos que me garanticen la felicidad es la mejor manera de vivir una desesperación continua.

Me encanta esa figura, como ríos de agua viva. Siempre me imagino un géiser. Sobre todo porque la mayor parte de los tiempos los géisers operan con perfil bajo, y de repente, WOOSH.

Pero por más que lo repita, si una persona quiere ver las cosas de la manera opuesta, no conseguiré nada, ¿verdad? Todo depende de lo que uno quiera para sí.

No me gusta mucho ese papel, hay ocasiones en que ando de malas y no me sobran los argumentos para animar a nadie.  A veces digo, ya no los molestaré, ya no los sermonearé. Pero vuelvo a intentarlo. Se los debo, si digo que son mis amigos. Y me lo deben, si dicen serlo.

El que no debe -pero igual será- nombrado

Con todo el cariño que le tengo a mis amigos correístas, debo decir lo siguiente.

Estoy hasta aquí de las cadenas del presi. Al mejor estilo de Lord Voldemort, se ha armado del lema de Julio César (por qué no me sorprende), divide y vencerás. Y luego se ha sentado a mirar cómo el resto del país se saca los ojos entre que sí y que no. Patria, tierra sagrada. Es que conmueve ver cómo nos ama.

Si ustedes quieren votar sí, perfecto. Adelante. Sean mis huéspedes. Pero yo, que puedo votar que no porque estoy en mi derecho, espero la misma cortesía. Y como por casualidad tenemos que vivir en el mismo territorio, espero que por favor no nos ataquemos por una cuestión como esa. Correa no se irá. Nada lo amenaza. Simplemente es que puede que, tal vez,  a su amado proyecto de constitución se le diga que no. ¿A eso le teme? Pues qué pena por él. Porque la opción, aunque sea débil, existe, y tendrá que vivir con eso.

Por lo demás, lo veo tratando de explicar su intento de interferir en Hogwarts la U. Católica, y me da vergüenza ajena. Vergüenza porque él no lo siente. Porque hay quien se lo permite. Y porque me temo que no será la última vez.